A los mexicanos nos encanta consumir lo hecho en México

De hace un par de años para acá, existe una tensión muy mercada en la industria creativa a nivel global. Cada país ha intentado exportar lo mejor de si mismos para volver a darse a conocer entre lo que los distinguía como, “esto es el pop del Reino Unido”, “así es como debe sonar México ante el mundo”, “a esto suena el techno hecho en Berlín”, y así un sin fin de etiquetas que salen de lo que se pensaba debería ser lo que esté en la escena principal de cada cultura.

Recuerdo en la Universidad que en una clase debatíamos que en México, llegó un punto donde se nos hizo un pensamiento automático decir que la compañía, Televisa, que sigue siendo la cadena número uno de televisión en nuestro país por el alto impacto que tiene sobre la población, es una empresa que nos idiotiza y nos tiene hipnotizados. La gente como dijeran las tías, “ya nace con ese chip integrado”, para quejarse así de la empresa sin ponerse a pensar más allá de las cosas que hacen a la empresa ser buena o mala. Dijeran, “nadie es monedita de oro”, y es muy cierto cuando hoy tenemos tantas maneras de ver lo que hace o no una compañía de ese nivel. De aquí lo que quiero rescatar es ese pensamiento que se nos queda pegado en el cerebro que a veces al despertar ni siquiera sabemos de dónde lo aprendimos, sólo sabemos que esa tiene que ser al respuesta para quejarse de esta compañía.

Lo mismo ha pasado con la música en nuestro país. No puedo ser los suficientemente amplio como para generalizar que es un efecto que domina a todos los géneros, pero al menos en los que yo más me curto, que es el pop y la música electrónica, veo muy marcada la crítica que dice, “la gente mexicana no apoya a los productores mexicanos”, “los mexicanos no nos gusta consumir a los otros mexicanos”, “un mexicano es el pero enemigo de otro mexicano”. ¿Es cierto?

México por muchos años ha exportado, además de riquezas naturales, una gran cantidad de producto creativo que se expone en escenarios de todo el mundo. Tanto obras de arte, recetas, música, diseños de ropa, así como literatura que fue escrita en nuestras tierras. Somos un país muy vasto en cultura y por ello no paramos. Los mexicanos somos muy ingeniosos.

Uno de los clichés que más nos distingue, es el famoso, “al mexicano le gusta burlarse de la muerte”, y nos regocijamos de ser un país que crea una gran cantidad de motivos alrededor del Día de los Muertos, así como contar un sinfín de chistes sobre la muerte o gente que peligra de estar cerca de ella. Somos un país muy unido por nuestra cultura, más allá de las marcadas clases sociales o la discriminación que se vive día con día, ser mexicanos nos hace muy orgullosos a todos, y me atrevo a decir que una de las cosas que más nos llega a unir, es la fiesta.

La típica fiesta mexicana, no en decoración, pero en narrativa musical, contiene muchos artistas mexicanos en algún punto de la reunión. Se dice que cuando son las tres de la mañana, nos ponemos a entonar música de Juan Gabriel, José José, Paquita la del Barrio, Los Tigres del Norte, Vicente Fernández, Luis Miguel, y una gran lista que podría continuar tanto de música regional como del Pop que ha marcado a las diferentes generaciones del país. Hoy para mí, como DJ en eventos privados o en clubes, me queda más que claro que vivimos una narrativa de fiesta internacional. La noche está atascada de artistas internacionales pero llega un punto donde reclamamos lo nuestro y queremos seguir escuchando las canciones que antes eran muy famosas y queremos cantarlas. El problema está en que es muy difícil encontrar un artista mexicano, actual, joven, que esté dentro de los gustos de la juventud a la hora de la fiesta y no es un tema de malinchismo, o que el DJ tenga prohibido tocar música de algún artista contemporáneo, sólo que no existen esos grandes temas aún.

La gente que está formando este nuevo frente común, ya sea tanto en la música electrónica, como en el Pop, está consciente de que son artistas de gran calidad que todos los días están en los estudios haciendo lo mejor que pueden de música, pero se ha olvidado hablarle a la gente, que no es lo mismo que agradarle.

El éxito de las grandes bandas del rock en México, los grandes artistas urbanos, los cantantes de baladas, los gruperos, los cantantes Pop, siempre ha sido el mensaje de la canción. Aunque en décadas como en los noventa salieron muchos grupos de jóvenes que se siguen catalogando como, “artistas plásticos”, esa combinación tan exitosa de elementos electrónicos como lo hacían en Italia, al ser puestos con mensajes y voces mexicanas, hacían un tremendo éxito para los jóvenes. Al final, lo que queremos en una fiesta, además de pasarla bien, es expresarnos a través del baile, la música y su canto.

Hoy en México y varios países de Latinoamérica, se produce y canta mejor que muchos de los artistas que están hoy ocupando las listas de popularidad a nivel mundial. No tenemos nada que pedirles, al contrario, muchos de estos artistas están buscando cómo hacer para ser aún más grandes dentro de este lado del continente. Lo que sí, es que hay tanta ansiedad hoy por ser famoso, que muchos artistas de acá se sienten eclipsados por lo que pasa en el mundo que está en uno de los puntos más interconectados de los que hemos visto en la historia del ser humano. Si se va a competir a nivel audiencia, gustos y tendencias, ya no es sólo hacerlo a nivel local, es irse hacia lo grande. Lo cual ha confundido a muchos en pensar que la gente de nuestro país no tiene interés en consumir lo hecho en México. Claro que hay interés, si no, no estarían consumiendo a miles de artistas consolidados como Molotov, Maná, Enjambre, Gloria Trevi, Emmanuel, Mijares, Kabah, OV7, Aleks Syntek, así como una extensa lista de artistas gruperos, indie, rapperos, y artistas de música clásica que tienen un enorme privilegio de presentarse en el país para un gran público mexicano.

¿La culpa la tiene la gente o el artista? Yo soy de la idea de que no es un tema de aventarle la culpa a uno de estos lados, es encontrar la mejor forma de que la pasión de ambas partes coincidan y funcionen. La música es para sentirse, y si no provoca emociones en el público, no tiene ningún sentido forzar el que tiene que gustarles, así como se ve muy mal tener que regañar a un público, que ni idea tiene de ese artista o música y gritarle en las redes sociales que no se le está apoyando al artista.

Yo puedo entender la frustración por la que pasan cientos de artistas mexicanos todos los días en sus habitaciones, en sus estudios o incluso sobre los escenarios al ver que la gente no reacciona en lo más mínimo ante su música, pero sí les puedo mandar un mensaje de apoyo y paciencia. A veces justo no provocar esa reacción en la gente es la mejor forma de saber que se tiene que continuar el trabajo para alcanzar un punto donde ese mensaje tenga su propósito: emocionar. Para lograr esto, se necesita de hacer mucho equipo, de encontrar las maneras de llegar a los pocos o muchos que les gusta tu música y enseñarles que de donde vino eso, hay mucho más. Poco a poco se irá haciendo una bola de nieve que contagia a los otros. Pero si no hay ni 10 personas interesadas en hacer que tu música se consuma, entonces sí, es momento de buscar otra alternativa.

Rogarle a los promotores que se de un lugar para presentar la música, regañar a la gente todos los días que no están apoyando lo hecho en México, así como criticar a los de alrededor por no hacer bien las cosas, sin siquiera ser una autoridad en el tema, sólo deja ver la enorme frustración que hay en la cabeza de los artistas. Esa impotencia debe ser cambiada por potencia creativa que ayude a salir adelante, porque las mejores cosas, salen de los momentos de crisis. Hoy la música en México sufre una enorme crisis de identidad por la globalización tan marcada que vivimos, pero es justo el momento más adecuado de enseñarnos a nosotros y al mundo, de qué estamos hechos.

A los mexicanos nos encanta consumir lo hecho en México, y cuando lo hacemos, somos 1000% más orgullosos de ello que al estar consumiendo algo hecho en el extranjero.

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