BPM Festival y el estigma de las drogas en la música electrónica

Es muy pesado para quienes promovemos que la música electrónica viva sin estigmas, que ocurran hechos violentos como el que ha ocurrido en nuestro país, México, este 16 de enero. Una fecha que ya se ha vuelto trascendental y relevante para la escena internacional, pues ya no se trata de un hecho que ocurre y se enteran unos cuantos, sino la fuerza misma que tienen las redes sociales nos ponen en el radar ya no sólo por la evidente cuestión de narcotráfico que existe en México, sino por la consecuencia que hay cuando existen personajes capaces de violentar a cualquier individuo a través de la violencia armada.

Desde 1970 se han organizado fiestas de música electrónica alrededor del mundo. No es la primera ni la última vez que ocurrirá un percance que existe por consecuencia de un mal entendido entre personas donde una decide que eso debe acabar con la muerte del otro. Para enfocarnos hacia lo que nos confiere en nuestra perspectiva geográfica, estos son algunos de los casos que han hecho resonar al mundo nocturno con incidentes

 

  • Carl Cox vivió un incidente similar en una discoteca de Venezuela en 2007, mientras estaba dando un show y un desacuerdo hizo que murieran cuatro personas en plena pista de baile.  A Mauro Picotto le tocó la misma situación de estar en un lugar donde la violencia se desató. Don Omar, famoso cantante reggaetonero, sufrió del mismo teñido en uno de sus conciertos por allá, donde murieorn cuatro personas en pleno espectáculo.
  • En junio de 2016, un acto terrorista hizo que 49 personas murieran en un club de Orlando donde su eje rector era el público gay. Uno de los hechos que más conmovieron y marcaron la vida de noche en ese Estado.
  • En noviembre de 2016, hubo cinco heridos en Myrtle Beach en Carolina del Sur, en Estados Unidos, por un incidente que fue relacionado a desacuerdo entre bandas.
  • También en noviembre de 2016, pero en la Zona Hotelera de Cancún, dejando a tres empleados de un club, sin vida por consecuencia de una balacera.
  • Hoy se confirma la muerte de cinco personas en el marco del BPM Festival a fuera del club, Blue Parrot.

 

Si bien no se trata de un hecho, “aislado”, o que no pudiéramos esperarnos ver en un país como México, donde lamentablemente los grupos de delincuencia organizada han estado operando a carta libre no sólo en esa zona del país, sino en todos los estados, se necesita entender que ya no es un tema que esté desatado por cierto, “tipo de música”, o, “cultura de fiesta”.

Desde 1990 comenzaron programas de consciencia hacia el consumo de las drogas en las fiestas en general. A quien más evidente le tocó en su momento fue al nicho de la música electrónica, porque las fiestas que se organizaban en Ibiza, Nueva York, Chicago, Detroit, San Francisco, Dallas, Madrid, Londres, Paris, entre muchas otras ciudades que fungieron como pilares para todo un movimiento musical, tenían sí un enorme consumo de droga pero no existía aún una generación que sufriera las consecuencias de las mismas. Es decir, antes el consumir estupefacientes sólo era un estimulante, el mismo que hoy muchos podrían pensar que está bien hacer al tomarse bebidas energéticas con alcohol, o fumarse un cigarro en pleno club. No era mal visto, no era satánico, sólo era una parte más del ritual de fiesta, pero cuyas consecuencias no eran medibles ya que no habían existido bajas fatales para esto. Tardó unos años en que varios consumidores se dieran cuenta del daño que provocaba hacerlo de manera desmedida. Existieron bajas fatales, así como un daño colateral a una escena que necesitaba ser corregida en cuanto a la educación que se tenía por las drogas.

Ciudades como San Francisco optaron por algunos casos, hacer mejoras en las formas en que tenían que transmitir este mensaje de conciencia a sus similares. Muchos de estos planes fueron desarrollados en conjunto con los Departamentos de Policía del Estado para que existiera una mejora REAL hacia el consumo, ya no sólo de dientes para afuera. Es obvio que la cooperación de las autoridades, con los promotores y los integrantes de las fiestas, hizo que la escena mejorara de manera considerable.

El problema no es la droga por si misma, ya que seguro conocen a alguien que se pierde en ellas y sigue lúcido por toda su vida, así como también conocen a quienes no saben hacerse responsables de si mismos y terminan perdiendo muchas cosas en sus vidas. Las drogas como tal van acompañadas de una adicción, y la adicción no sólo existe en pastillas o cigarros, sino también en otro tipo de “gustos” que tiene la gente por las cosas: ya sea la adicción al videojuego (que también vive el estigma de los asesinos seriales), adicción al sexo (quienes son capaces de matar a su pareja por probar nuevas cosas), adicción al ejercicio (quienes mueren por inyectarse todo tipo de sustancias anabólicas), adicción a la adrenalina (los cientos de muertos que hay en todo el mundo al practicar retos extremos), y la lista puede continuar.

“Necesito una tacha para entender esto”, es uno de los pensamientos más arcáicos que se puede seguir teniendo en pleno siglo XXI. La música electrónica vive una de las décadas más lúcidas en sus casi 40 años de existencia. Me es difícil pensar que existe gente que piensa, “que es solo ruido”, pero pone a todo volumen a David Guetta y The Chainsmokers en sus carros. El crossover que ha habido hacia el Pop es tan grande que la gente ya está entrenada para recibir la estructura de la música electrónica. Claro que dentro de la misma, existen géneros, mismos que están diseñados para diferentes tipos de públicos, porque todos transmiten una emoción particular.

Hay que reflexionar que tenemos un mundo que está muy ansioso, tenso, lleno de sentimientos encontrados y que busca la fuga de las presiones que causa la sociedad. No es un tema de géneros musicales, no es un tema de un festival en particular ni mucho menos de, “tipos de gente”, que acuden a divertirse. Es un tema de educación de quienes creen que está bien resolver los problemas a través de la violencia por un pensamiento primitivo de, “yo soy el más fuerte, te lo voy a demostrar con mi arma”, para generar un daño colateral hacia las masas. El cambio está en la casa, desde lo que pensamos, hacemos y sentimos.

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