Nunca serás lo suficiente buen DJ

El mundo está mediatizado por donde lo veas. Hoy todos tenemos la oportunidad de documentar, opinar y atestiguar lo que está ocurriendo casi en cualquier parte del mundo gracias a que todos nos hemos vuelto el Big Brother que esperábamos ser. Lo importante hoy es saber todo al momento, qué flojera tener que enterarse de algo mañana, lo que importa es lo que haces hoy, ya para mañana es muy tarde y si no lo comentaste, retuiteaste o publicaste en alguna de las tantas redes sociales que existen hoy, no tiene sentido alguno continuar.

La moda de ser un DJ hoy es una locura. Todos podemos serlo, porque se ha vuelto casi regalado el poder acceder a una de las tantas aplicaciones que se han hecho a base de algoritmos matemáticos que permiten que con solo tocar un par de botones en la pantalla de tu teléfono, tableta o un par de clicks, las canciones se mezclen por sí solas. “¿Qué chiste tiene?”, me han dicho ya una infinidad de veces. Me quedo pensando, pues sí, ¿qué chiste tiene mezclar? Es la misma pregunta que también me tranquiliza al ver una generación ansiosa de triunfar en el mundo de la música electrónica. Estamos rodeados de una gran cantidad de personas que sueñan todos los días con tocar en los más grandes festivales y clubes del mundo. Entonces, ¿cómo distinguir a los que son buenos? De ahí, podríamos entrar en un debate que el mismo Aristóteles estaría relamiéndose los bigotes: ¿qué es lo bueno?

Hoy no basta con saber mezclar y pareciera que tampoco basta con hacer música por horas en un estudio, ya que poco a poco también se ha comenzado a hacer una práctica, “común”, que afortunadamente, no todos logran hacer, y digo que es afortunado porque yo no coincido en que todos debamos nacer en saber hacer música y sea nuestro deber expresarnos en canciones. Hay quienes traen ese don, hay quienes lo desarrollan y hay quienes forzan tenerlo pero jamás lo tendrán. Es una lástima que muchas veces no sea tan comprobable el que una producción musical en verdad pueda ser criticada de mala tan directo, dado que aunque existen reglas de composición que son estudiadas por años por miles de personas en todo el mundo, hoy basta con que le agrade a tu oído y pies para que la tengas disponible en Spotify; al carajo la buena composición, nadie tiene tiempo para ella.

¿Por qué hay canciones que nos agradan más que otras? En diferentes estudios que pueden encontrar en Internet, mismos que están escritos en diversos libros, se ha comprobado que sí existe una fórmula de composición que se ha repetido de manera “inconsciente” por años a través de los éxitos musicales. Échenle un ojo a este video que lleva unos años circulando y siendo un referente para esto:

Y al final, ¿cómo logra volverse un éxito? No sólo porque está bien compuesto o está siendo fiel a esta fórmula que han visto acá arriba, también hay todo un teje y maneje detrás que hace que el artista destaque. Se trata de conectar con el público, no sólo con levantar las manos, hacer señas de corazón o gritar, “puchojenso”, pero hay artistas que conectan más que otros por razones que la gente no siempre ve tan evidentes.

Una de mis primeras entrevistas fue con Armin van Buuren en 2011, mientras yo, un joven intrigado por saber cuál es la fórmula que lleva al éxito a una personalidad como él, le preguntaba que para él qué es lo que lo hacía tan especial, o si lo tenía presente. Para mi satisfacción, sí conocía la respuesta y me comentó una de las mejores cosas que le he escuchado, “Tienes que darles una razón para que te vean, ¿sabes? Debes encontrar la forma de que la gente prefiera salir un viernes por la noche a comprar un boleto para verte en una presentación en vivo y no quedarse en sus casas a ver películas. Es bueno imitar pero cuando se empieza sólo como aprendizaje, poco a poco hay que saber desarrollar tu propia identidad. Toma de ejemplo a deadmau5, lo que lo distingue es la cabeza de ratón, o está por ejemplo Carl Cox, este tipo que es muy grande, baila muchísimo en sus sets y te transmite toda la fiesta desde las tornamesas. Dale una razón a la gente”. Amén, Armin, amén.

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Estamos en un mundo donde constantemente nos sentimos flanqueados por el señalamiento de casi cualquier persona que nos rodea. Esto se ha vuelto un punto crucial para la música y sobre todo para la electrónica, el nuevo chico de la cuadra en cuanto a géneros musicales se refiere. Somos una industria aún muy joven, ni siquiera hemos llegado a los logros que otros géneros como el rock, por ejemplo, ya han obtenido a nivel cultural, social, demográfico. En algún punto llegaremos a ello y por lo pronto, toca a cada quien hacer su parte para edificar todo este gran camino que forma parte de la historia. Para esto, hoy es difícil saber entonces, ¿quién es un buen DJ? O tal vez la pregunta sería, ¿quién sí debe ser DJ?

Entre el deber ser y el querer ser, hay una gran diferencia, pero lo único que queda claro cuando se trata de emociones, es que es mejor querer hacer algo a deber hacerlo. Con eso de que no es lo mismo querer comer tacos que deber comer por compromiso algo que no estás dispuesto a masticar. Hoy es difícil saber quién sí quiere ser DJ y quién está forzándose a ser, aunque pareciera fácil a la luz de los ojos de muchos de los que me rodean, pareciera difícil para el ojo popular. Se acribillan entre DJs y Productores, “¡Tú eres falso, no mereces estar aquí! Mejor vete, estorbas”. Aunque pareciera justo tener que actuar así como un espantapájaros que cuida con rigor su cosecha, de pronto nunca sabemos quién puede enamorarse de este hermoso mundo de beats y hacer la diferencia.

Hay quienes por alguna razón, desde que tenemos uso de razón tenemos un gran amor por los sonidos electrónicos. Al menos en mi particular experiencia, desde que tengo cinco años de edad, la música electrónica comenzó a ser uno de mis mayores placeres en la vida y no, jamás pensé dedicarme a ella por completo, pero los sonidos son los que me motivan día con día. Hay un algo en este género que me produce una gran satisfacción y felicidad todos los días, no sé exactamente que sea, pero es un lugar en el que me siento identificado y cómodo. Me es difícil ver como hay gente que quiere pertenecer a este mundo cuando no son felices, y no ser feliz en algo, duele muchísimo, porque todos lo hemos experimentado y vivido en otros momentos de la vida. ¿Por qué forzar? Por convivir supongo, por sentirse en pertenencia con un grupo y no estar excluido de la sociedad que de pronto es muy fuerte en la segregación.

La gente suele ser muy dura cuando critica hacia fuera, algo que está muy conectado con la autocrítica que hoy es mucho más fuerte de lo que era hace unos años ya que estamos rodeados de constantes modelos que debemos acatar o seguir, “según lo que el mundo espera de nosotros”. Lo mismo aplica para la música electrónica y ser un DJ exitoso, o sólo ser un DJ, no se tiene por qué triunfar de manera obligada, hay quienes son felices con sólo tocar en pequeñas fiestas, bares o restaurantes. ¿Quién dijo que si hoy eres DJ tienes que producir, saber hacer social media, saber ser manager, diseñador gráfico, abogado y estrella de televisión? Nadie lo ha dicho, pero la presión social empuja hacia estas creencias. ¿Se tiene que complacer a todos? No, al menos, no a todos, sólo a la pista de baile que espera pasar un buen rato con tu selección musical, sean canciones propias o de alguien más, la gente espera le hagas la diferencia en la noche, no que sea algo por lo que mejor se hubieran quedado en casa. Sé responsable, sé feliz, pero sobre todo, no seas forzado.

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